(NUEVO: original en catalán con traducción al castellano)
Durante dos días -13 y 14 de mayo- se celebró el Primer Encuentro Internacional por los Derechos Digitales en Barcelona. Personas expertas de diferentes países expusieron y debatieron sobre una temática que también tiene implicaciones educativas,
A continuación, un resumen de ideas escuchadas por quien escribe a lo largo de los dos días y sus relaciones con el mundo educativo. El 28 de mayo se publicó en catalán en EL DIARI DE L'EDUCACIÓ, con el título (y enlace): "Drets digitals i implicacions educatives".
He aquí el texto del artículo anterior, en castellano:
----TRADUCCIÓN--------
Derechos digitales e implicaciones educativas
Los derechos digitales deberían estar presentes en nuestra vida cotidiana de forma consciente. Los derechos digitales y los derechos humanos se interrelacionan. De entrada, conviene tener presente una idea repetida con frecuencia entre los expertos reunidos en Barcelona durante este mes de mayo: aquello que es ilegal en el mundo offline también debe serlo en el mundo online, con un organismo regulador que vele por el cumplimiento de este principio.
Estas son algunas de las ideas que se expusieron en el Primer Encuentro Internacional por los Derechos Digitales, organizado por el Gobierno del Estado español y Mobile World Capital en el espacio de la Llotja de Mar de Barcelona, los días 13 y 14 de mayo.
Durante estos dos días, importantes expertos de todo el mundo aportaron estudios, reflexiones, visiones críticas y experiencias que también tienen una vertiente educativa y que necesitan ser trasladadas a las aulas. Cabe destacar, entre otras personas expertas, a Carissa Véliz, filósofa y profesora asociada de la Universidad de Oxford, autora de libros muy recomendables; Yaël Eisenstat, directora de políticas e impacto de Cybersecurity for Democracy; Cory Doctorow, activista y escritor; Frances Haugen, ingeniera y científica de datos; Óscar López, ministro para la Transformación Digital del Gobierno del Estado español; Daniel Innerarity, catedrático de filosofía política; Genís Roca, presidente de Accent Obert, y Jordi Valls, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona. Más de 100 ponentes, 150 entidades implicadas y 3.000 personas inscritas reafirmaron la importancia del evento.
Informar y educar sobre derechos digitales en general, y sobre la enseñanza en particular, debe ir acompañado también de deberes digitales. Existe un cierto desconocimiento sobre los derechos digitales de las personas, en un mundo con pocas restricciones para acceder a dispositivos y redes, salvo en los centros educativos de este país y de otros. Antes de estos planteamientos, las grandes empresas tecnológicas ya nos habían convencido de la necesidad de los dispositivos y de la conectividad; nos han guiado mediante sus algoritmos y con su voracidad por apropiarse de todos los datos que alimentarán también las futuras propuestas que nos harán.
La educación debe formar sobre el ecosistema digital, su funcionamiento y sus mecanismos emocionales y adictivos, con una actitud crítica y consciente. Es necesario estar preparados y analizar formas de evitar, en la medida de lo posible, parte de sus estrategias perniciosas y manipuladoras.
Contextos
En el escenario expositivo principal del Primer Encuentro se repasaron, de manera crítica, realidades observadas a escala mundial sobre los efectos de la tecnología. Las lecturas educativas que pueden extraerse de ello han de ayudar en las prácticas de las aulas. Algunas de las ideas expuestas fueron las siguientes:
- Efectos de la tecnología: hoy sus efectos son evidentes en la geopolítica y en el orden mundial, en contextos híbridos que abarcan la digitalización y los derechos digitales. Las plataformas y las empresas tecnológicas aumentan su poder económico y su capacidad de decisión, con intervenciones destacadas en conflictos, en la producción de armas de todo tipo o en herramientas de ciberespionaje, transmisión y control de las personas. El alumnado debe ser consciente del ecosistema en el que vive y de sus implicaciones tecnológicas, con efectos sobre su futuro. La tecnología puede generar dependencia, y los sistemas de control sobre las personas van asociados a ella.
- Las predicciones de los algoritmos y de la IA: sus predicciones se basan en estadísticas —no neutrales— que a menudo se toman como hechos casi consumados sobre el futuro. Los datos, además, sirven para vigilar a las personas. Las predicciones modelan el futuro según los intereses de las empresas propietarias. No son hechos inevitables ante los que solo quede obedecer. El futuro lo construimos las personas, y el nivel de cambio o variabilidad dependerá de la evolución personal y del entorno. No olvidemos que el algoritmo es “el trabajador” más eficiente que ha existido en la historia reciente y que ya se han presentado denuncias contra chatbots de IA por haber incitado suicidios en Estados Unidos. Estos sistemas están disponibles las 24 horas, felicitan al usuario por hacer preguntas, ofrecen explicaciones y se ponen constantemente a disposición de quien quiera saber más. Asistentes, acompañantes virtuales o agentes personales —tan de moda actualmente— que, si los autorizamos, pueden llegar a decidir por nosotros. Simulan saber y actuar como si fueran personas, pero no lo son, mientras la persona se encuentra sola frente al chatbot. Es necesario aprender a discriminar y a mantener una distancia crítica.
- Prevenir la desinformación: la desinformación está aumentando, basada en la captación de la atención y en la implicación emocional mediante recursos tecnológicos muy estudiados. El seguimiento continuo y fiel de determinadas personas que monetizan las redes genera dependencia de discursos simples y poco fundamentados culturalmente. Es necesario aportar una base cultural sólida en las aulas, también sobre información y desinformación, y educar sobre cómo funciona hoy la difusión de la mentira, cómo se refuerzan los extremismos y el odio y cómo se produce una erosión constante de la democracia. La desinformación se difunde mucho más rápidamente que la información contrastada y veraz.
- El comercio de datos: en muchos casos, el comercio de datos es tóxico para las personas y para la democracia. En un mundo permanentemente conectado, los datos son poder y condicionan actuaciones. El alumnado —y todos nosotros— a menudo no somos conscientes de los constantes “regalos” de información personal que hacemos.
- Privacidad personal: preocupa mucho que los jóvenes —y también muchos adultos— no tengan más en cuenta su privacidad, con una exposición continua de aspectos de su vida en las redes. Compartir entraña muchos riesgos. Tenemos derecho a la privacidad, pero con frecuencia preferimos no ejercerlo, salvo que aparezcan problemas derivados de una sobreexposición o de personas que desean hacer daño. Muchos adolescentes ni siquiera llegan a imaginar cómo es vivir con privacidad. La soledad, la insatisfacción y diversas enfermedades pueden verse incrementadas si ya existían previamente.
- Sobre el anonimato en Internet: el anonimato en Internet tiene ventajas e inconvenientes. Existen propuestas regulatorias en Europa para obligar a la identificación real de las personas, siempre que los mecanismos de verificación funcionen y eviten intromisiones o falsedades. ¿Hasta qué punto somos responsables de lo que compartimos? ¿Y por qué identificarnos no debería ser también un deber digital sobre el que educar?
Marcos
Desde el Gobierno del Estado español se presentaron avances en derechos digitales, como una carta de derechos digitales con términos y condiciones de uso, propuestas de restricción de las redes sociales para menores de 16 años o la voluntad de convertir este país en epicentro de la revolución ética de la inteligencia artificial (IA), líder mundial en la construcción de una IA confiable y en la regulación de las redes sociales. A escala europea, existe un reglamento de IA impulsado también por el Estado español, así como el debate sobre la verificación de la identidad digital.
Speakers Corner
En estos espacios del Primer Encuentro, situados fuera de las sesiones principales del programa, se mostraron experiencias, proyectos y propuestas con un gran trasfondo educativo. Algunas de las ideas más destacadas fueron:
- Proyectos para detectar influencers antisistema, entender sus estrategias discursivas y la gestión de los mensajes en contextos donde a las audiencias no les importa si el contenido es cierto o no. ¿Enseñamos en las aulas herramientas de verificación? ¿Explicamos cómo se crean y difunden mensajes y vídeos cortos, rápidos y a menudo perniciosos?
- Los sistemas de información actuales, basados en una producción horizontal y acelerada de mensajes breves, serían desmontados en muchos casos con una alfabetización mediática consolidada.
- Existen muchos centros educativos en donde no se ha enseñado a los adolescentes qué hay detrás de los algoritmos y de la IA —a menudo con tendencias conservadoras, sexistas o racistas—, así como su funcionamiento y engranaje. Cuando estos contenidos se trabajaban en las aulas, las actitudes cambiaban. Lo mismo sucedía cuando se reflexionaba sobre el poder y los intereses que hay detrás de la creación de algoritmos y redes sociales. El gran interés mostrado por el alumnado reforzaba la importancia de educar en estos ámbitos. También se reflexionaba sobre el entretenimiento digital, que en ocasiones se asemeja a una especie de “fast food” gratuito.
La Unión Europea pretende defender los derechos digitales de 450 millones de personas y adoptar posiciones regulatorias frente a Estados Unidos y China. Información, educación, regulación, multas y prohibiciones son estrategias de defensa de los derechos de la ciudadanía.
Es necesario evitar aquello que afirmaba uno de los expertos participantes en el Encuentro: que las peores decisiones de las peores personas generen la máxima cantidad de dinero para unos pocos. Y añadía: muchos de los productos digitales que utilizamos son defectuosos, nos espían y nos manipulan. Como podemos deducir, la educación sobre derechos y deberes digitales tiene un enorme campo de trabajo para formar al alumnado cada día de forma transversal dentro y fuera de las aulas.
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