sábado, 20 de febrero de 2016

El teléfono móvil a pie de aula: de la dependencia a la independencia


 NOTAS:
1. Este artículo se publicó el 18 de febrero de 2016  en el portal   EL DIARI DE L'EDUCACIÓ, de Barcelona. Su autor también es el propietario de este blog: Evaristo González Prieto. El original está escrito y publicado en catalán. Se puede consultar en "El telèfon mòbil a peu d'aula: de la dependència a la independència". La traducción y publicación aquí en español cuenta con el permiso de los editores del portal.
2. La acepción "teléfono móvil" en España correspone con la de "celular" en América

ARTÍCULO

El paisaje actual de los espacios públicos y privados se ha llenado de pantallas y cámaras que graban, transmiten, ayudan, controlen y funcionan como grandes fuentes de información. La etnografía urbana está muy mediatizada por dispositivos, sobre todo móviles, con los que convivimos diariamente. Nos permiten interactuar para aportar y recibir información, estimular las relaciones sociales, contribuir a la dinámica económica y dinamizar tecnologías que no paran de renovarse.

El paisaje urbano, familiar y personal cambia y se adapta a nuevas realidades que interiorizamos y adoptamos ya como norma. Hay estadísticas que afirman que es un ritual consultar WhatsApp y las redes sociales más de 150 veces al día, con diagnósticos diversos y algunos no demasiado buenos. Los últimos cálculos dicen que dedicamos dos horas diarias a consultar la mensajería y las redes sociales, la mayoría desde el teléfono móvil. Según el último estudio del Real Automóvil Club de Cataluña (RACC), uno de cada cuatro conductores admite que utiliza el teléfono muy habitualmente mientras conduce. Por no mencionar el hecho de escuchar en espacios públicos intimidades diversas, el aviso constante de la entrada de nuevos mensajes, el no apagar los dispositivos cuando te avisan con  insistencia o no debería hacer falta porque es un hecho obvio, el continuo tráfico de selfies, grabaciones de voz, y todo sin pensar en dónde se archivan nuestras huellas digitales, qué imagen dejamos y cómo nos administrarán los expertos en el llamado big data.

La dependencia digital de casi todos va en aumento y, por tanto, nos hemos de plantear que predicar con el ejemplo es una buena forma de educar, pero otra muy eficaz es introducir el uso de los dispositivos en las aulas, entre otras razones porque son unas herramientas muy potentes que también han de servir para aprender interconectados y trabajar buenos hábitos y valores humanos. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en la educación de las futuras generaciones, no solamente los profesionales de la enseñanza. Hace unos meses intenté crear expectación sobre el tema en estas páginas con el artículo “Si us plau, encén el móvil quan entris a clase” (Por favor, enciende el móvil al entrar en clase). La “independencia” del móvil, según mi criterio, no es prohibirlos en los espacios de enseñanza sino utilizarlos cuando sea necesario y aportar criterios como para saber cuándo se ha de usar y para qué y cuándo han de estar en silencio o apagados, teniendo en cuenta que es una herramienta personal, donde a menudo llevamos información casi imprescindible para nuestra vida diaria. El reto es ir más allá y verlos como tecnologías con grandes posibilidades para formarse, y no solamente entre adolescentes.

Una buena parte del mundo adulto les aportamos ejemplos diarios sobre su uso. La sociología relacional juvenil se mueve con nuevas herramientas o aplicaciones – donde ya están los adolescentes-, catalogadas como “estilos de vida” – por ejemplo Tinder – y nadie les facilita el marco referencial con que se encontrarán. Lo descubren por sí mismos desde el uso y ya se reflexiona sobre los nuevos panoramas. Muchas familias están preocupadas por un supuesto control (imposible) de los móviles de sus hijos. A menudo, se acusa a los adolescentes y jóvenes de estar todo el día enganchados cuando lo que ven es eso entre la población más grande. Mientras, la actualidad dice que cada vez hay más estudiantes que utilizan el móvil para estudiar. Un objeto que en sus orígenes servía para hablar en tiempo real, ahora ha cambiado de funcionalidad y va derivando hacia la potenciación de las relaciones sociales, notas de voz grabadas, en una pasarela donde lo importante es ver y ser visto. Costumbres que también se pueden reconducir y aprovechar en los centros docentes por sus potencialidades educativas. Os invitamos a observar cómo estudian hoy y se ayudan de forma no presencial con la tecnología, tanto en la enseñanza obligatoria como en la postobligatoria y universitaria.

El Consejo Escolar de Cataluña aprobó el pasado 4 de marzo de 105 un documento-guía de gran valor: “Les tecnologies mòbils als centres educatius” (Las tecnologías móviles en los centros educativos), que el Departamento de Enseñanza de la Generalitat de Cataluña incluyó en las normas de organización de los centros educativos para el presente curso escolar. Una apuesta atrevida pero muy necesaria si queremos que los centros educativos avancen al ritmo de los tiempos actuales. Antes había elaborado las competenciasdigitales de educación primaria y secundaria. Después de estos acertados marcos teóricos, se tendría que comprobar su efectividad en la formación del alumnado para la sociedad digital en un mundo conectado: ¿se ponen en práctica las competencias digitales? ¿Se utilizan los teléfonos móviles (y ordenadores y tablets) en las aulas y, en caso afirmativo, se siguen las directrices de los documentos citados?

Seamos positivos. Cada vez hay más centros que se implican y creen en la tecnología como importante mediadora en el proceso de aprendizaje. El móvil dentro de un contexto y un proyecto innovador más amplio y profundo, evitando el efecto de convertirse en una moda pasajera. Programas como mSchools lo demuestran con el incremento continuo de alumnos y centros participantes. La calidad de los trabajos presentados a los premios demuestran la alta implicación de profesorado y alumnado. Ejemplos de Apps en las cuales están trabajando nuestros alumnos del institutoTorre del Palau: apps que guardan  la geolocalización del lugar donde aparcas el coche, en offline; apps destinadas a proporcionar información saludable de dietas y rutinas deportivas a los adolescentes; app ciudadana que identifica desperfectos o incidencias en la vía pública de Terrassa, etc.

La consolidación del uso de la telefonía móvil en las aulas llega a otros campos. Hay que fijarse objetivos, atreverse a experimentar y compartir los resultados con otros docentes interesados. Estamos seguros que hay experiencias excelentes y que se incrementan año tras año. Desde la práctica de la gestión del centro de trabajo, el instituto Torre del Palau de Terrassa, además de participar en mSchools, este curso estamos trabajando con una app informativa que descargan las familias y el profesorado para su uso desde móviles y tablets de forma gratuita. El profesorado pasa lista y efectúa otros controles, como las actividades diarias del alumnado o incidencias diversas, desde su móvil de forma rápida cuando comienza cada clase, ante el alumnado. Las familias reciben un mensaje instantáneo tipo PUSH (similares a los de WhatsApp) en su dispositivo móvil pero solo en dos franjas horarias: una por la mañana y otra por la tarde en horas determinadas.

¿Esto significa fomentar la dependencia del móvil o aprovechar mejor sus posibilidades?

Un centro educativo público que lleva más de 18 años utilizando las TIC en las aulas, que trabaja con ordenadores portátiles (computadoras) de cada alumno en todos los cursos de la enseñanza secundaria obligatoria, que tiene una wifi abierta siempre y que permite el uso responsable – con normas – de los teléfonos móviles en las aulas puede ser un ejemplo más del reto: conseguir la ya mencionada “independencia” personal y responsable de la tecnología mediante su uso, con criterios propios. Es cierto que el nuevo alumnado en el centro de primer curso se encuentra con una realidad que, de entrada, les impacta: pueden usar su móvil. También ocurre lo mismo con el nuevo alumnado de la enseñanza postobligatoria (bachillerato). Pero la situación se reconduce con las actuaciones constantes del profesorado y desde la práctica a pie de aula.

Algunos periodistas y profesorado de universidades estatales y extranjeras que nos han visitado han preguntado qué pasaba entre clase y clase y en el patio. Si serían momentos de uso masivo del teléfono móvil por parte de todos. Fueron invitados a observar  esos momentos de forma libre en todo el centro. La realidad les chocó. Es cierto que vieron alumnos con el móvil pero eran más los que hablaban entre ellos en el patio, jugaban con balones o trabajaban en la biblioteca. La libertad y la normalización de su uso y el trabajo de hábitos demuestran que esta idea o acepción personal de la palabra “independencia” es posible y no desde la prohibición. También a veces – muy pocas- nos encontramos con conflictos derivados de conversaciones vía grupos de WhatsApp o Facebook. La gestión de cada caso con el alumnado implicado les ayuda a reflexionar sobre sus actuaciones y consecuencias, con la aplicación de hace falta de las Normas de Funcionamiento de Centro. En algunas ocasiones nos hemos encontrado con alguna familia que ha castigado a su hijo o hija un tiempo sin usar el móvil. Una decisión que también les ha servido para reflexionar sobre los actos hechos.

El teléfono móvil, por tanto, es otro dispositivo que hay que incorporar en el aula y que sirve para trabajar el binomio libertad y responsabilidad y también para aprender desde cualquier lugar. No es imprescindible su uso educativo pero ya forma parte del funcionamiento del mundo: la vida es móvil. Si queremos evitar la dependencia del dispositivo, eduquemos en la independencia del aparato con criterios, desde la práctica a pie de aula.



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